El azote económico de la Covid-19 vuelve a amenazar actuaciones que acumulan largos retrasos.

La crisis provocada por la Covid-19 vuelve a amenazar destacados proyectos de infraestructuras y urbanísticos de Barcelona y su área metropolitana pendientes de ejecución desde hace muchos años y que ahora tienen un horizonte aún más incierto del que tenían. La incertidumbre presupuestaria de todas las administraciones planea sobre ellos y amenaza con demorarlos una vez más. En algunos, la recesión del 2008 los dejó en barbecho a la espera de tiempos mejores. En otros, su magnitud aconsejó encararlos por partes, lo que supone alargar calendarios. Y también los hay que se plantearon tan a largo plazo, que un nuevo retraso no cambia mucho las cosas.

Actuaciones como la finalización del tramo central de la línea 9 del metro o la prolongación del corredor del Llobregat de FGC hasta Gràcia podrían recibir un impulso gracias a los planes de reconstrucción europeos postpandemia. Otros, como la gran transformación urbanística de la Sagrera, no tomarán forma hasta que finalicen actuaciones previas ferroviarias, en este caso la construcción de la macroestación, que parece de los pocos proyectos que avanzan. La cobertura de las vías en l’Hospitalet, tampoco ha arrancado. Mientras tanto, la colapsada Sants espera su necesaria reforma, que ahora toma forma con algunas mejoras parciales.

La parálisis del turismo ha congelado los planes de ampliación del aeropuerto de El Prat y del desarrollo de la operación inmobiliaria empresarial prevista. Actuaciones como Can Rigal, una de las reservas de suelo para vivienda más importantes del área metropolitana, siguen sin arrancar. La falta de entendimiento entre las administraciones no han hecho posible el carril bus-Vao de la B-23. La conexión de los tranvías parece que arrancará, pero solo en un tramo. Y se vuelve a hablar de la apertura de un nuevo túnel bajo Collserola… La macrooperación de la Sagrera, aprobada en el año 1996, avanza a ritmos diferentes. La parte estrictamente ferroviaria lo hace a buen ritmo, después de escandalosos retrasos, aunque sin un horizonte claro. No obstante, el Gobierno central, la administración en mayor medida responsable, ha asegurado su prioridad. La estructura y accesos toman forma mientras acaba de licitarse la redacción del proyecto de arquitectura e instalaciones. En paralelo, los trazados de las líneas se reconfiguran –ya se ha trasladado el del Maresme, falta el de Granollers– y se acaba de reanudar la finalización de la estación de Rodalies Sant Andreu Comtal. Mucho más lenta va la operación urbanística, en la que el Ayuntamiento tiene un papel central. Se está actuando en los alrededores de la futura macroterminal con reforma de algunas calles. El gran parque lineal que cubrirá el corredor, presentado en el 2011, sigue siendo un sueño. Y el desarrollo de los sectores de Colorantes y Prim, en los que se prevé un gran número de viviendas, solo son planos.

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